Voluntariado Juegos Olímpicos, por José Manuel Mena González

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Voluntariado Juegos Olímpicos, por José Manuel Mena González

Mi experiencia para ser voluntario de Juegos Olímpicos comenzó en Septiembre de 2014 (2 años antes del magno evento). Recuerdo en ese entonces estar viendo la página de internet oficial de Río 2016 cuando decido centrar mi atención a la pestaña que dice “Voluntarios”. Curiosamente es el mismo proceso mental que seguí cuando apliqué para ser voluntario en “Campus Party” con Voluntarios México.
Entro a la página oficial del evento de mi interés, veo de qué se trata, considero la posibilidad de comprar un boleto, me doy cuenta que existe otra opción que es formar parte de la organización del evento, evalúo los pros y contras, y al final siempre decido que puede ser una mejor experiencia ser parte del evento, en lugar de ser solo un espectador más del evento. Y pues esta vez no fue la excepción. Decido aplicar como voluntario de Río 2016, teniendo en cuenta que habría muchas otras personas como yo en todo el mundo que también estarían deseando lo mismo que yo y que había una fuerte posibilidad de no ser aceptado, debido a la alta demanda. De igual forma decido hacer el intento, pensando que no tengo nada que perder.
El proceso es completamente en línea. Los datos que se te piden son muy básicos realmente. Nombre, sexo, edad, correo electrónico, país de origen, nivel de escolaridad, idiomas que hablas. Por suerte para mí, también había un campo que decía “Experiencia”, y cuando redacté un poco mi experiencia en Voluntarios México supuse que ya tendría cierta ventaja sobre muchos otros para ser elegido. El formato incluye algunos otros campos como el área de trabajo en la que te desempeñas, si eres profesional o estudiante, en qué área en particular te gustaría aportar dentro de los Juegos, y cuáles son los deportes en los que te gustaría asistir, sugiriendo 3 opciones en orden de preferencia. Al final también te piden que redactes en un pequeño párrafo las razones por las que quieres ser voluntario de Juegos Olímpicos. Una vez que llenas el formato de aplicación te envían un correo confirmando que iniciaste tu proceso de aplicación, y te redireccionan al portal oficial de voluntarios. Dicho portal contiene toda la información que necesitas sobre tu proceso, como fechas y siguientes pasos.
Realmente el proceso es muy simple. Incluye tomar un par de cursos de capacitación en línea y una entrevista (que para mí es la parte clave de todo el proceso). Dicha entrevista, la cual realizas aproximadamente un año después de que aplicaste y después de haber tomado los cursos de capacitación, es mediante conferencia virtual y es compartida con otros aspirantes. Es decir, un miembro del comité organizador entrevista simultáneamente a 4 personas, les pregunta un poco sobre ellos, evalúa su nivel de inglés y evalúa sus capacidades para trabajar en equipo mediante una pequeña dinámica. Después de la entrevista ya solo te queda esperar a recibir tu carta de aceptación. La cual recibí el 18 de enero del 2016, poco más de un año después de haber iniciado mi proceso. Por supuesto cuando recibí mi carta no hubo más que emoción y expectativa. Me causó una gran felicidad ver que me habían aceptado para ser voluntario en Rio 2016, y más ver que me habían elegido para asistir en Voleibol de Sala, que fue mi primera opción de preferencia. A partir de ahí todo fue planeación, buscar hospedaje, boleto de avión y pedir permiso en el trabajo, en el cual me dejaron ir todo ese mes sin goce de sueldo, pero la experiencia lo valía. Cabe mencionar que lo único que corría por cuenta del comité organizador era el uniforme, una comida al día y una tarjeta de transporte público, con la que podías viajar en metro y camión durante un mes sin costo. Todos los demás gastos corren por cuenta del voluntario.
La fecha por fin llegó y partí a Río de Janeiro los primeros días de agosto. Tenía que estar un par de días antes del inicio de los Juegos para recibir mi uniforme y mi acreditación. Desde un par de meses antes ya tenía mi itinerario de trabajo entonces ya sabía perfecto dónde presentarme, qué días y a qué hora. Fui al centro de acreditación a recoger mi uniforme y mi credencial, dos días antes de ya empezar a trabajar. Desde ahí me empezó a sorprender la magnitud del evento en el que estaba. Me encontraba en una gran bodega donde calzaban y vestían a los que iban a ser todos los voluntarios del evento. Recibí un total de 3 playeras, 2 pantalones (que se podían hacer shorts), tres pares de calcetines, un par de tenis, una gorra, una chamarra, una pequeña mochila, una guía de voluntario, un termo y un llavero.
Mi primer día de trabajo me presenté en la cancha principal del estadio Maracanazinho de Voleibol, como era de esperarse era completamente impresionante. Cuando llegué tenía entendido que iba a ser asistente de cancha durante los partidos, lo cual ya era suficientemente bueno para mí. Sin embargo, al reportarme con mi coordinadora no pudimos encontrar mi nombre en la lista de voluntarios, por lo que fui dirigido a la coordinación principal. En esa oficina había muchas personas, televisores, computadoras, como si fuera un centro de mando. Ahí una de las chicas que tenía más alto cargo me preguntó mi nombre y mi nacionalidad. Una vez que le dije que era mexicano reaccionó como si hubiera encontrado oro. El motivo de su reacción fue que había estado buscando un voluntario mexicano para ser el asistente personal de la selección mexicana de voleibol, ya que antes habían mandado a una chica brasileña que no hablaba nada de español y pues no resultó. Fue así que me ofreció cambiar de puesto para ser asistente de la selección de voleibol de México, a lo que yo inmediatamente acepté. Lo que siguió después fue que me presentaron directamente con el entrenador de México, al cual ya conocía de vista después de tantos años practicando este deporte y estar involucrado en torneos en los que él también participaba. Asimismo me presentaron con el presidente de la Federación Mexicana de Voleibol, y de ese momento en adelante ya únicamente mi trabajo era estar a su disposición, tanto en sus entrenamientos como en sus partidos. Un sueño para mí. Ese día acompañé a los directivos a una junta técnica y de ahí los acompañé de regreso a la Villa Olímpica. Una vez ahí tuve que dirigirme a la oficina de credencialización para cambiar mi credencial por una que indicara mi nuevo puesto y que me permitiera entrar sin problemas a la Villa Olímpica, ya que era ahí donde tenía que presentarme de ahora en adelante. Los días subsecuentes mi rutina consistía en levantarme temprano para aprovechar el desayuno del hostal donde me quedaba, después, trasladarme en transporte público hasta la villa olímpica, utilizando la tarjeta de transporte que me habían proporcionado, hacer check-in en los módulos de fuerza de trabajo, donde me entregaban mi cupón válido por la comida de ese día y una botella de agua. Ya mi primer día me había puesto a trabajar para conseguir de algún modo el calendario de entrenamientos de todos los equipos, el cual obtuve en la oficina de logística y movilidad. Una vez con ese itinerario en mano, únicamente tenía que presentarme en la terminal de autobuses de la villa (de la cual salían todos los atletas a sus diferentes compromisos) unos minutos antes de la hora de partida de la selección mexicana para acompañarlos, ya fuera a sus entrenamientos o a sus partidos. Dado que ya conocía a algunos jugadores, por mi época de jugador, no me fue difícil relacionarme con el resto de los jugadores y con el entrenador, con el que disfrutaba platicar en los traslados de camión de un lugar a otro. Y dado que yo desde que llegué adquirí un SIM de teléfono temporal para mi estancia en Río, pude intercambiar teléfonos con el entrenador para que pudiera contactarme por cualquier cosa. Mi experiencia fue de lo más increíble. No solo estuve presente en el evento deportivo más importante del mundo, sino que formé parte de él, de una manera que jamás hubiera imaginado. Tuve la oportunidad de asistir personalmente a los ídolos de mi deporte nacional, estuve en todos sus partidos oficiales sentado a un metro de distancia de ellos, escuchaba y veía todo lo que el entrenador les decía antes y después de cada partido, compartía el vestidor con ellos, en fin, realmente me sentía parte, no solo del evento, sino del equipo nacional.
Durante mis ratos libres recorría la enorme villa olímpica y estuve cara a cara con los atletas más reconocidos de nuestro tiempo. A veces me tocaba tomar el transporte de atletas para ir a algún lugar y me sorprendía la mezcla de culturas y nacionalidades que veía. Además, como voluntario, recibí gratuitamente un boleto para el ensayo final de la inauguración de los juegos, que fue una semana antes de la ceremonia oficial. Todo un sueño en verdad. Con base en mi experiencia puedo decir que ser voluntario de Juegos Olímpicos sin duda ha sido la experiencia más gratificante de mi vida. Me dio la oportunidad de conocer un nuevo lugar del mundo, conocer muchísimas personas de todas las nacionalidades, aprender a valerme por mí mismo, ser responsable y sobre todo, me enseñó a realmente comprometerme con mi trabajo.
Puedo afirmar que un evento de tal magnitud definitivamente no podría llevarse a cabo sin la crucial participación de todos los voluntarios que formamos parte de éste. Nosotros trasmitimos el verdadero espíritu de los Juegos al portar día con día orgullosamente nuestra playera y estar dispuesto a sudarla por algo más grande que nosotros y que quedará grabado en la historia. Es simplemente el hecho de estar ahí, sabiendo que hacemos la diferencia. Desde los que dan una toalla a los atletas en momentos de tensión, hasta los que mantienen limpias las instalaciones de competencia, los que vigilan los accesos, los que asisten en la venta de boletos, los que dan indicaciones para llegar a los estadios, los que asisten con cualquier eventualidad médica. Todos somos una pieza clave y transmitimos el espíritu de los Juegos.
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